miércoles, 23 de abril de 2014

Los manuscritos "exiliados"

«En 1467, Ali Ben Ziyad al-Quti partía de la ciudad de Toledo con su familia rumbo al exilio. No se iba con las manos vacías. Este noble musulmán, que finalmente se instaló en Tombuctú, se llevó una escogida selección de documentos escritos en hebreo, castellano y árabe, su biblioteca particular. Con los siglos y las generaciones, esta original colección en la que se recoge una parte de la historia de Al Andalus ha vivido numerosos avatares, uniéndose y disgregándose según soplara el viento de la historia, y aumentando de tamaño hasta llegar a los 12.714 manuscritos de los que se compone en la actualidad.»[1]

Imagen extraída de: http://cultura.elpais.com/cultura/2014/03/15/actualidad/1394913984_945148.html


Así comienza la entrada de la sección online de cultura del periódico El País, titulada La historia de Al Andalus huye de Tombuctú. En los siguientes párrafos, se nos informa de la complicada conservación de dichos manuscritos, no por los estragos del tiempo, sino por la inestabilidad política que azotaba el país. No obstante, el genio del propietario del Fondo Kati, Ismael Diadié Haidara, permitió su conservación y traslado en baúles desde la biblioteca de Tombuctú a otras ciudades y países. Finalmente los manuscritos “exiliados” llegaron a las ciudades españolas de Toledo, Jerez y Tarifa. Aunque, tal y como el propio Diadié asegura, como cualquier exiliado que anhela el regreso a su patria, los manuscritos “no vienen para quedarse”; es más, “irán circulando entre Malí y España”.

Me gustaría destacar este último punto, pues el hecho de que los manuscritos viajen de un país a otro tiene una gran ventaja: aumentar el interés y el conocimiento de la historia de Al-Ándalus, eliminando posibles estereotipos. Pueden servir de vehículo para acabar con las falsas y eternas ideas que se tienen sobre la época andalusí. Digo “eternas” porque, al parecer, siempre las habrá en cualquier lugar por falta de conocimiento, y, quizás, interés.
Por esta razón, aprovechando mi viaje a Inglaterra en febrero de este año para un curso de formación de voluntarios de una ONG, hice una especie de cuestionario a varias de las voluntarias de origen árabe procedentes de Italia. La pregunta era simple y directa: ¿qué sabes sobre al-Ándalus?

Siendo sincera, sus respuestas eran escalofriantes en algunos casos: “los árabes se enfrentaron a Alejandro Magno en la Península”, “los árabes estuvieron en al-Ándalus durante veinte años”. No obstante, la mayoría de las respuestas atendían más bien a una visión un tanto idealizada de al-Ándalus en tanto en cuanto a que la concebían como un paraíso terrenal en donde convivieron de forma pacífica las tres culturas monoteístas con leves roces de cuando en cuando. Como dato curioso muchas de las interrogadas destacaron la belleza arquitectónica de la Alhambra de Granada.

Imagen diseñada.


Estos no son datos suficientes para demostrar que hay un desconocimiento generalizado en el resto del mundo sobre al-Ándalus, pero sí nos hace tener una vaga idea sobre ello, tal y como afirmó, además, Isabel Toral en su conferencia: “Tengo que explicar en Inglaterra temas de al-Ándalus que aquí se saben”.



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