«En 1467,
Ali Ben Ziyad al-Quti partía de la ciudad de Toledo con su familia rumbo al
exilio. No se iba con las manos vacías. Este noble musulmán, que finalmente se
instaló en Tombuctú, se llevó una escogida selección de documentos escritos en
hebreo, castellano y árabe, su biblioteca particular. Con los siglos y las
generaciones, esta original colección en la que se recoge una parte de la
historia de Al Andalus ha vivido numerosos avatares, uniéndose y disgregándose
según soplara el viento de la historia, y aumentando de tamaño hasta llegar a
los 12.714 manuscritos de los que se compone en la actualidad.»[1]
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| Imagen extraída de: http://cultura.elpais.com/cultura/2014/03/15/actualidad/1394913984_945148.html |
Así comienza
la entrada de la sección online de cultura del periódico El País, titulada La
historia de Al Andalus huye de Tombuctú. En los siguientes párrafos, se nos
informa de la complicada conservación de dichos manuscritos, no por los
estragos del tiempo, sino por la inestabilidad política que azotaba el país. No
obstante, el genio del propietario del Fondo Kati, Ismael Diadié Haidara,
permitió su conservación y traslado en baúles desde la biblioteca de Tombuctú a
otras ciudades y países. Finalmente los manuscritos “exiliados” llegaron a las
ciudades españolas de Toledo, Jerez y Tarifa. Aunque, tal y como el propio Diadié
asegura, como cualquier exiliado que anhela el regreso a su patria, los
manuscritos “no vienen para quedarse”; es más, “irán circulando entre Malí y
España”.
Me gustaría
destacar este último punto, pues el hecho de que los manuscritos viajen de un
país a otro tiene una gran ventaja: aumentar el interés y el conocimiento de la
historia de Al-Ándalus, eliminando posibles estereotipos. Pueden servir de
vehículo para acabar con las falsas y eternas ideas que se tienen sobre la
época andalusí. Digo “eternas” porque, al parecer, siempre las habrá en
cualquier lugar por falta de conocimiento, y, quizás, interés.
Por esta
razón, aprovechando mi viaje a Inglaterra en febrero de este año para un curso
de formación de voluntarios de una ONG, hice una especie de cuestionario a
varias de las voluntarias de origen árabe procedentes de Italia. La pregunta
era simple y directa: ¿qué sabes sobre al-Ándalus?
Siendo
sincera, sus respuestas eran escalofriantes en algunos casos: “los árabes se
enfrentaron a Alejandro Magno en la Península”, “los árabes estuvieron en
al-Ándalus durante veinte años”. No obstante, la mayoría de las respuestas
atendían más bien a una visión un tanto idealizada de al-Ándalus en tanto en
cuanto a que la concebían como un paraíso terrenal en donde convivieron de
forma pacífica las tres culturas monoteístas con leves roces de cuando en
cuando. Como dato curioso muchas de las interrogadas destacaron la belleza
arquitectónica de la Alhambra de Granada.
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| Imagen diseñada. |
Estos no son
datos suficientes para demostrar que hay un desconocimiento generalizado en el
resto del mundo sobre al-Ándalus, pero sí nos hace tener una vaga idea sobre
ello, tal y como afirmó, además, Isabel Toral en su conferencia: “Tengo que
explicar en Inglaterra temas de al-Ándalus que aquí se saben”.
[1] http://cultura.elpais.com/cultura/2014/03/15/actualidad/1394913984_945148.html
[Fecha de consulta: 23/04/2014]


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